Texto de Marta Carrasco para la presentación de “Avanti con la guaracha”

Marta Carrasco es una reputada periodista y crítica cultural. Además de eso, tenemos la enorme fortuna de contarla entre nuestros amigos más cercanos. Por eso tuvo el detalle de ayudarnos a defender el libro el día de la presentación en Sevilla, y se marcó un texto tan emotivo que hemos querido reproducirlo para uso y disfrute general. Esperamos que os guste tanto como a nosotros.

Imagen por cortesía de Borja Galván

Buenas tardes:

Si Silvio estuviera en esta sala, me lo imagino apoyado con su espalda en una esquina, con la pierna levantada hacia la pared, y el cigarrito en la mano, porque las normas, según Silvio, eran para los poderosos.

Silvio fue un personaje que se superó a sí mismo y a varias generaciones, como la mía, y como la vuestra y, por supuesto, la de los autores que le han birlado, con descaro y alegría, su querida frase.

Pero no hay problema. Silvio tenía muchas frases, como aquella que durante dos meses me dijo cada noche: “Buena mujer, llévame a casa, que te estaba esperando”, pero esa es otra historia.

La de ahora se refiere a dos jóvenes pre-Silvio, como lo precolombino o lo preurbano. No lo conocieron, no sintieron el aliento a coñac ni su risa casi en un do agudo de contralto que te exhalaba a las tantas de la madrugada, pero no ha hecho falta.

El rumor de Silvio les ha llegado hasta tan hondo, que si el rockero tuviera este libro en sus manos diría algo así como “coño, si esta frase parece mía”.

 “Avanti con la guaracha”, este libro, es el hielo que se echa a un cubata que se está quedando caliente; el agua que te dan cuando te quema el café, o el dinerito que de repente te entra en la cuenta el día 20 y que casi te hace llorar. Es un alivio. Y en estos tiempos que corren, eso significa mucho.

 Leer poemas como “El jazmín contraataca”, “Ambiente volcánico”, “Helarte de la contradicción” o “Mi ex novia favorita”, es volver a pensar que algo de lo que parecía perdido ha vuelto: las ganas de escribir en libertad.

La libertad para un artista es fundamental. Que se lo digan a Silvio, que fue libre casi toda su vida, incluso hasta para cantarle una saeta al Cristo de San Bernardo en pleno puente, a pesar de las amenazas de los capillitas de la cofradía.

 La libertad de escribir, algo que ahora está tan sometido, es lo que ha recuperado “Avanti con la guaracha”, pero no lo ha hecho sólo su autor, Alberto Guillén, sino que Israel Dias le ha acompañado en esta especie de viaje iniciático en el que la imagen del dibujo ha tomado perfectamente el curso al ritmo de la poesía.

Cuando era joven creía que los poetas eran simples oledores de tragedias, hasta que una vez, hace ya muchos años, me encontré con un poema de Bukowski que se titulaba “El día que tiré una cuenta de banco por la ventana”, y el sentido de la poesía cambió para mí. Comprendí que los poetas eran tragedias en sí mismos.

Ahora son dos, poeta e ilustrador; escritor y pintor; compañeros y sin embargo amigos, los que me incitan, que no me excitan, o quizás sí, con estos poemas locos y cuerdos que son afortunadamente irreverentes con la vida que les rodea.

Muchas gracias a los dos, a Alberto y a Israel, por el simple hecho de hacerme pasar un buen rato con los libros. Decía Borges, lo dijo aquí en Sevilla, que una biblioteca son cientos de posibilidades de felicidad. Yo he sido feliz leyendo este libro.

He paseado mirando al cerdo cómo daba vueltas por una candela; me he sentido la mujer sin nombre, pero con dedicatoria; he cogido el Cultural de ABC con la tostá con aceite y he escuchado a Elvis, aunque mi amigo Alberto parece que prefiere ser Chiquito de la Calzada o Camarón; Me he acordado de la muerte de Chanquete y he visto a Juanita corretear a las gallinas; he hecho una travesura, y he tomado prestado un titulo para mis libros de verano: literatura de chiringuito, y además, con el calor, he recordado el botijo de mi abuela cuando he visto que al de Israel le sale un girasol en vez de agua… Me he quedado con la copla de que sí tengo un ex novio favorito, y me fascina la forma en cómo Israel verbaliza en dibujos una crítica social a la huelga general.

Ahora bien, lo que Alberto e Israel no han hecho es lo que siempre, siempre y en todas las ocasiones, la madre de este hombre que escribe le dice una y otra vez: Así voy a terminar, a lo Alberto Guillén:

“Mamá, mámá que me van a publicar un libro de poemas… ¿Cóooomo, poemas? Pues ten cuidaíto.

Muchas Gracias.

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