La Amapola

IMG-20120523-WA0002Nunca me gustó el verano, me refiero al verano de aquí, claro está, el de una ciudad del sur con resaca eterna de mayo, sin mar y con un río maloliente cuando no llueve. Si uno hace el intento de salir a la calle, a eso de las cuatro de la tarde, incluso a veces ¡ni las cuatro de la madrugada te salvan!, pues bueno, lo más normal es que uno termine pensando que todo apesta a mugrosa insatisfacción o vea con nitidez el ataúd de Gram Parsons arder muy lentamente en mitad del desierto. Y esto no lo digo yo eh, esto lo he leído en Avanti con la guaracha, el primero del tándem Alberto Guillén e Israel Dias, que acaba de salir en Sevilla, en la novísima Tapadera Books, y que me está acompañando últimamente.

Y para qué, supongo pensareis, para qué leer un libro ambientado en una ciudad del sur sin mar y con un río…, y todo eso para qué ¿para desesperarnos más? Pues en parte sí, algunos poemas son dolorosos y calurosos como El jazmín contraataca, que contiene el guiño a Gram Parsons o Ambiente volcánico (este verano, negrito), aunque en general, para ser exactos y no exagerar, no se trata este de un libro desesperanzado, además de revivirnos o ampliarnos la existencia de esos momentos, también y sobre todo, nos hace menos confusa la hora de la siesta a través de un imaginario tan entrañable como Elvis, Chiquito de la Calzada, Camarón o Bob Dylan, que aparecen a través de un sentido medio guasón, medio surrealista, que solo puede despertarte una sonrisa de complicidad. Abundando en esto, quiero recordar el poema Literatura de chiringuito, en él un personaje que podría ser cualquiera de nosotros se va a un bar a tomar una jarra de sangría, y allí con sus divagaciones y pensamientos, entre filosóficos y sentimentales, termina por reparar en la gentileza del camarero que a sus ojos, y cito el verso: “seguro que es más buena gente que Julio Anguita y que George Harrison y que Kiko Veneno juntos”, así que, queda demostrado, el libro no solo contiene calor veraniego sino también arte y gracia, y mucha.

De Israel Dias no he dicho nada y ya casi estoy terminando, o quizá sí, porque lo que llevo dicho, lo que he comprendido, no sería lo mismo sin la parte gráfica, genialmente resuelta. En ocasiones se recrea en una imagen concreta, como en Naturalidad, sintetiza el tono general del poema como en Ten cuidaíto, o hace bromas gráficas como en Helarte de la contradicción, donde el dibujo se completa ojeando el libro en el sentido contrario de la lectura, esta última opción que acabo de llamar broma gráfica, es en realidad la forma que más utiliza de diversos modos, y más allá de una simple guasa consigue, nada menos, que la autonomía y la unión con los poemas, cosa, a mi juicio, nada fácil y que en este libro sucede como si fuera algo normal.

Y así, como si fuera algo normal, voy a callarme un rato y voy a dar paso a Alberto e Israel para que veáis y escuchéis estos poemas que son canela fina.

¡Avanti con la guaracha!

Alberto Guerrero

Amapola, Córdoba, 17 de mayo de 2012

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